Lombarr se encontraba en su despacho asolado por documentos,
cartas y peticiones; al principio había creído que ser director del instituto
seria cosa sencilla, cuando impartió clases tenía plena libertad de enseñar sus
asignaturas como creyera conveniente, únicamente recibía recomendaciones del
director cuando así era necesario. Ahora el recientemente nombrado director se
encontraba todo el tiempo inmerso en problemas, algunos sin ninguna importancia
en realidad, salvo que para los padres de familia que internan a sus hijos en
tan prestigioso centro, todo era siempre un problema mayúsculo. Constantes
cartas llenaban el escritorio del elfo de peticiones de los nobles solicitando
estancias más adecuadas para sus hijos, la constante lucha por el dominio del
ala oriente de los edificios destinados a los dormitorios era como una guerra
por la conquista de un reino - uno de estos días, un ejército aparecerá para
sitiar la escuela exigiendo dormitorios privados para algún joven señor –
pensaba el mago – se sorprenderían al ver los ejércitos que ya hay formados
adentro de las murallas, si al menos pudiera controlarlos.
El instituto formado hace milenios, era casa de los más
grandes prodigios en diferentes artes, cuna de la prosperidad de Vega, los
estudiantes que ahí residían eran todos especiales, cada uno de ellos provenía
de una casa legendaria que podía remontarse generaciones, los que no contaban
con tan amplio cartel seguramente habían sido becados por la corona al
encontrarles grandes dones que debían ser moldeados en bien del reino, no todos
continuarian por el camino que recorrían mientras estudiaban, pero
definitivamente enriquecían sus vidas con las experiencias y relaciones que ahí
obtenían y de esa forma todo el reino se enriquecía cada vez mas.