Me encontraba de nuevo por la noche caminando por las antiguas calles de
Analco, era una noche extraña, era como si hubiese un apagón, no había
alumbrado y el parpadeo de las luces de tránsito estaba ausente, ni un ciclista
nocturno a la distancia, ni los jóvenes que conducen de regreso a casa luego de
una velada de fiesta. Una tormenta, parecía que había tormenta, el cielo se
encontraba nublado pero emitía un reflejo violeta bastante inusual, seguramente
estaban cargadas con electricidad, lo más prudente seria regresar a casa, pero
en ese momento vi una sombra, una mujer caminaba en el antiguo barrio en esa
noche extraña, volteo hacia donde me encontraba e hizo un gesto con la cabeza,
un gesto que indicaba que la siguiera, no supe porque lo hice, pero la seguí.
No volvió a mirarme, parecía ir en rumbo del templo de Analco, un lugar
particularmente tenebroso en esta situación, ¿qué circunstancia la llevaba a
ese lugar a esta hora? tal vez fuera una fuerte creyente y no pudiese esperar
al amanecer, a lo largo de mis estudios he encontrado toda clase de fanáticos
religiosos y ese tipo de conductas extremas no son del todo raras; siguió su
camino pasó frente al templo pero no se detuvo, pase frente a la iglesia que vi
intimidada ante su gran sombra cubriéndome, era temible, pero después de todo
para eso habían construido ese tipo de estructuras, eran una declaratoria de
poder para sus congregaciones, castillos hechos para intimidar a las masas y cumplían
su función a la perfección; a sabiendas de eso, de que no había nada
sobrenatural en ello, mentiría si no mencionaste que mi pulso se aceleró y que
mi cabeza empezaba a inquietarse, inventando sombras que no existían, la
adrenalina agudizando mis sentidos haciendo que atendiera a cualquier pequeña
perturbación a mi alrededor, recuerdo el sonido alarmante de unas hojas movidas
por el viento, juegos de la imaginación, ese tipo de lugares en especial suelen
conservar una fuerte impresión psíquica de la gente que a lo largo del tiempo
ha vivido y muerto en estos antiguos barrios, creyendo en las mismas
supersticiones logran generar un campo electromagnético en una misma frecuencia
que se traduce en una alucinación colectiva esporádica, solo eso y nada más.
La mujer continuó y se dirigió al puente que atraviesa la avenida arbolada
que lleva al parque, un lugar hermoso de día, pero tan perturbador como el
templo durante la noche. Carente de impresiones tan marcadas como Analco, aun
así es un lugar tenebroso, es una zona particularmente aislada y abierta,
se corre el peligro de que fácilmente pueden asaltarte en ese lugar o puedes
toparte con una pandilla y si a eso le sumamos el continuo mecer de las ramas
de los árboles de las cuales solo ves sombras por encima de tu cabeza y ese
extraño ruido de las hojas al moverse en masa, la imaginación tiene
herramientas más que suficientes para hacerte pasar un mal rato; me estaba
quedando atrás, así que acelere el paso, aunque no sabía porque la seguí en
primer lugar, pero así lo hice…. creo que no era la primera vez que lo hacía.
La figura se encontraba esperándome en medio de aquel puente, las
sombras de las copas de los árboles movidas por la brisa nocturna ahuyentaban
el silencio sepulcral de aquel lugar, la mujer vestía un largo y elegante
vestido negro, podría tratarse de un vestido de luto, de esos que se usaban
antiguamente, solo que este era indudablemente contemporáneo, detallado en
encajes, algunos adornos y gemas, reales o de fantasía, no lo sé, pero era una
figura imponente en ese escenario, la sorpresa fue al mirarla a los ojos, era idéntica
a mí, al menos eso me pareció en un principio, conforme la sorpresa se
desvanecía, me percate de que era mucho más hermosa de lo que yo podría
aspirar, su oscuro cabello ondeaba son el viento inspirando melancolía, tal vez
se tratase de mi madre, pero era absurdo, a pesar del lazo genético realmente
no teníamos mucho parecido físico sin mencionar que ella murió hace unos 40
años, era una situación extraña y pese a todo era como verse en un espejo.
Extendió una mano hacia mí y dijo algo, pero no recuerdo cuales fueron sus
palabras, era como si hablara sumergida en el agua, el sonido llegaba pero muy
disperso y débil, se acercó un poco mas y a al tomar mi mano fue que desperté.
Gire la cabeza y vi el reloj de mi cómoda con sus brillantes números
rojos “4:43”.... “otra noche de esas”, me levanté y fui a la cocina, ya no
valía la pena volver a dormir tome una cápsula de aripiprazol, puse la cafetera
y tome un libro para pasar el tiempo, aún faltaba mucho para ir a la
universidad.
Al amanecer me enteraría que uno de los hijos de mi hermana gemela había muerto en un horrendo accidente en esta ciudad...